jueves, 4 de octubre de 2012

CUENTO: Los 3 cerditos


Había una vez tres cerditos que eran hermanos y vivían con su mamá en un ancho valle.  Eran muy diferentes entre sí, los dos más pequeños se pasaban el día tocando el violín y la flauta. Les encantaba jugar y bailar, pero muy poco trabajar. El hermano mayor, en cambio, era más serio y trabajador.

Un día su mamá les dijo que ya era hora de que tuvieran su propia casa, y que debían de ponerse ya a construirla pues pronto llegaría el invierno. ¿Que haréis cuando lleguen las nieves y el frío?

Así que los tres cerditos cogieron sus cosas y salieron a buscar un buen sitio para construir sus casas.

El más pequeño de los tres, que era el más juguetón, no tenía muchas ganas de trabajar y se hizo una casa de  paja. El otro cerdito juguetón trabajó un poco más y la construyó con maderas y clavos. El mayor se hizo una bonita casa con ladrillos y cemento.

Un día, pasó por aquel valle el lobo feroz. Al ver al más pequeño de los tres cerditos, decidió capturarlo y comenzó a perseguirle. El juguetón y rosado cerdito se refugió en su casa temblando de miedo.

Enseguida llegó el lobo y llamó a la puerta - toc, toc, toc.

- No te voy a abrir, que me quieres comer - le dijo el cerdito.
- ¡Ja, ja! Esto no podrá impedir que te agarre -gritaba el lobo mientras llenaba sus pulmones de aire - soplaré, soplaré y soplaré....y tu casa derribaré.

Y sopló, sopló, sopló...y su casa derribó.

El pequeño corrió hasta la casa de su hermano, el violinista. Como era una casa de madera, se sentían seguros creyendo que el lobo no podría hacer nada contra ellos.

- ¡Ja, ja! Esto tampoco podrá impedir que os agarre, pequeños -volvió a gritar el malvado lobo - sopláré, soplaré y soplaré...y la casa derribaré.
De nuevo llenó sus pulmones de aire y resopló con todas sus fuerzas. Todas las maderas salieron por los aires, mientras los dos cerditos huyeron muy deprisa a casa de su hermano mayor.

- No os preocupéis, aquí estais seguros. Esta casa es fuerte, He trabajado mucho en ella -afirmó el mayor.

El lobo se colocó ante la casa y llenó, una vez más, sus pulmones.
- Soplaré, soplaré y soplaré... y la casa derribaré - dijo. 

Sopló y sopló... pero la casa ni se movió. Volvió a soplar, sopló más fuerte... ¡hasta ponerse rojo! pero no logró mover ni un solo ladrillo.

Desde dentro de la casa se podía escuchar cómo cantaban los cerditos:

- ¿Quién teme al lobo feroz, al lobo, al lobo? ¿Quién teme al lobo feroz?

Los cerditos reían dentro de la casa, tanto que el lobo se empezó a enfadar mucho.

Fue entonces cuando se le ocurrió una idea: entraría por el único agujero de la casa que no estaba cerrado, por la chimenea. Los cerditos oyeron que subía por el tejado y corrieron a poner al fuego una olla de sopa caliente, y cuando el lobo bajó por la chimenea, cayó en la olla y se quemó.

- ¡Ayyyyyy! - gritó, y salió sin parar de correr hasta que llegó a su casa en lo alto de la montaña.

Los cerditos no le volvieron a ver. El mayor de ellos regañó a los otros dos por haber sido tan perezosos y poner en peligro sus propias vidas. A partir de ese día, vivieron juntos y felices en la casa de ladrillos, cantando y bailando: 

- ¿Quién teme al lobo feroz, al lobo, al lobo? ¿Quién teme al lobo feroz?




1 comentario:

  1. Que envidia! Es una cosa que no se hacer muy bien es escribir! :-( Un Saludo

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